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La paradoja del suicidio

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La paradoja del suicidio: o cómo la evolución nos ha llevado a matarnos a nosotros mismos.

A lo largo de los siglos, el suicidio ha sido un compañero silencioso que ha desafiado una y otra vez nuestra filosofía, nuestra religión y nuestras leyes. Lo sigue haciendo. Y por eso, pensar sobre él, desde los compromisos científicos, es algo trágico. Algo que nos enfrenta a una desagradable pregunta: ¿Cómo es posible que hayamos evolucionado para matarnos a nosotros mismos?

Y, sin embargo, hay dimensiones del suicidio que no acabamos de entender. Sabemos de una enorme cantidad de factores que tienen relación con el suicidio: ciertas características de personalidad, problemas perinatales, acontecimientos traumáticos tempranos, alteraciones neurobiológicas, apoyo familiar, trastornos psiquiátricos, condiciones socioeconómicas, exposición a modelos de suicidio o disponibilidad de medios.

La mayor parte de estos estudios e hipótesis se centran en el cómo y no en el porqué. O, para ser más precisos, se han centrado en las “causas próximas” y han obviado las “causas últimas”.

Pues bueno, ya no  os como más la cabeza con teoría y vamos a lío, que hay taco del gordo.

¿A qué narices jugamos? Pues la verdad, es que me gustaría saberlo. Básicamente, porque estamos ante un momento único. Estamos a 90 minutos de poder estar en Segunda, de subir un escalón más, de bailar con más guapas,  de visitar ciudades y no pueblos, de volver a campos de fútbol con solera, de salir en tv cada fin de semana, de conocer a los jugadores del otro equipo y así un interminable etcétera, de beneficios, que haría interminable este texto.

Pero no, aquí en vez de ir todos a una, de una vez y disfrutar de este ansiado momento, hemos decidido hacer arder las redes. Porque claro, la envidia de no ser un socio con solera y callos en el corazón, o no ser abono oro, algunos parece que no saben digerirla.

Pues que queréis que os diga, pero lo de los abonos oro estaba estipulado desde el principio y lo de la antigüedad, lo veo genial, ya que dentro de esos posibles 500, hay muchas horas de vagar por el desierto, amargura, sinsabores, decepciones, pero sobre todo de punzadas en el corazón que no curarán jamás.

Así que lo digo claro, este ambiente, no beneficia a nada, la envidia solo demuestra pequeñez, inmadurez y complejos, y en este caso, dicha envidia o afán de hacerse notar puede restar mucho más, que aportar lo más mínimo.

Quedan menos de 48 horas para conocer al rival, y parece que hemos decidido ver quién es más deslenguado. Craso error, es momento de estar centrados en lo que toca y los que puedan ir (en caso de que pueda asistir público) que disfruten y vuelvan con un ascenso entre ellos (Os digo esto porque sé lo que es volver de Majadahonda con un silencio sepulcral en el coche).

Tengo claro que no veré el partido, tengo claro que estaré en un lugar sin cobertura, durante tres horas, por si hay tanda de penaltis larga e insufrible. Pero lo que también tengo claro, es que no voy a entrar en discursos incongruentes, demenciales e ilógicos, que en este momento aportan entre cero y nada, a la principal causa que nos acomete.

Por favor, dejemos el suicidio para más adelante, ahora mismo no nos viene bien a ninguno.

Gracias por haber llegado hasta el final sin dormirte.

Antes de despedirme solo puedo decir dos cosas: Enhorabuena por esa grada de animación, que está moviendo la gente joven. Y ante todo EFESÉ.

Espero ver mucha gente en el Submarino, eso sí con medidas de seguridad.

                                                                       Juanjo Moreno – @Morenin14

 

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