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Resiliencia y Efesé

Los psicólogos entendemos por resiliencia la capacidad del ser humano para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Incluso de carácter traumático. Se trata, además, de una connotación que no tiene carácter innato, si no que son los factores individuales, comunitarios e incluso culturales los que pueden convertir a una persona, en resiliente, gracias a su capacidad de afrontamiento. Una persona se vuelve resiliente cuando entiende la adversidad como un desafío para crecer, y adaptarse, en todos los aspectos de la vida.

No sería inapropiado comparar la afición del Efesé con el término resiliencia. La historia revela una ristra de fracasos deportivos e institucionales, un sinfín de decepciones y décadas de fútbol cartagenero con muchas más sombras que luces. Una afición en donde predominan los Vecindariazos, Cordobazos, Caudalazos y sus recuerdos traumáticos, así como esa emoción contenida en la garganta bajando la rampa del Cartagonova. Una afición que ha tenido que soportar manipulaciones y un intento constante de boicot con el único fin de mandarnos al más profundo ostracismo, para que así puedan volver a brillar otros. Nada más lejos de la realidad. Ha sido la adversidad la que nos ha hecho más fuertes, hasta hoy. Más fuertes que nunca.

Prácticamente nunca hemos alcanzado la gloria, sino que hemos sobrevivido en una monotonía de decepciones sin apenas fuerzas para levantarse y seguir apoyando, seguir persiguiendo esa ilusión que siempre comienza en agosto y muere en mayo. Y mientras tanto, pese a todo, cada temporada aumentaba el número de abonados. Aumentaba el número de valientes, que, inevitablemente, acabarían convirtiéndose en resilientes.

El cartagenero lleva en su ADN el orgullo, la lucha, el no dejarse derrotar, el sobreponerse a la adversidad, y resistirPaco Belmonte en Murcia bajo la tormenta pase lo que pase a su alrededor. Supongo que es una lealtad histórica a las raíces de nuestros antepasados, hace más de dos mil años, allá por 227 a.C con Aníbal y Qart Hadasht. Y es por eso que, inevitablemente, estamos acostumbrados a encajar los golpes, los fracasos, y las decepciones, como nuevas oportunidades de sobreponerse. De crecer desde la más profunda sensación de desolación.

El domingo pasado, tras la derrota ante el Marbella, volvimos a salir del Cartagonova con un nuevo revés. Con esa sensación de que en el camino siempre vuelve a estar la misma piedra, intacta, desde la última vez que tropezamos, esperándonos una vez más. Pero es entonces cuando recordamos que hemos aprendido a ser resilientes -cuyos sinónimos son fortaleza y superación- y basta una bocanada de aire para seguir en la batalla aún más erguidos que antes de ser golpeados. Sin bajarse del transatlántico en el que viajamos. Pese que a veces pueda parecer que las fugas harán que el agua nos alcance los pies, nuestra trayectoria nos ha enseñado, casi por obligación, a reponernos y salir adelante. A aprender y crecer desde el dolor que causa la decepción, confiando que todo irá a mejor, como buenos resilientes.

Marina Ruiz

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